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La integración energética vista por los sindicatos
“El Mercosur progresista es una
enorme decepción”
Entrevista a Javier Silva, dirigente en el sindicato de la empresa estatal uruguaya de electricidad
Javier Silva no es un sindicalista común. Es
sociólogo, master en Integración Regional, miembro de la directiva de AUTE desde
1998 y Secretario General desde diciembre de 2005 (AUTE es la asociación de
funcionarios de la empresa estatal uruguaya de electricidad UTE). Fue secretario
técnico de la Coordinadora de Centrales sindicales del Cono Sur, entidad que
reúne a las ocho centrales sindicales más importantes de Uruguay, Brasil,
Argentina Chile, Bolivia y Paraguay.
¿De qué se trata esta Coordinadora?
La Coordinadora de Centrales sindicales del Cono
Sur se organiza por ramas de actividad: bancaria, maestros, metalúrgicos, etc.
Una de esas ramas es la energía que se organizó bajo el nombre de “Coordinadora
de sindicatos del sector de la energía del Mercosur” (COSSEM). Fue muy activa
sobre todo entre 1996 y 2001 trabajando tanto en aspectos programáticos como en
las movilizaciones. Por ejemplo, en nuestra movilización en contra del Marco
Regulatorio del Sector Eléctrico, o en Paraguay cuando hubo unos intentos
fuertes de privatizar el sector de la electricidad. Hoy el trabajo de la Cossem
está un tanto detenido aunque la Coordinadora ha colocado a la organización de
sectores como parte central de su estrategia de complementación productiva con
generación de empleo. El sector de la energía es uno de los sectores claves
dada la crisis energética actual y su vinculación con el desarrollo productivo.
¿Cuales eran los puntos programáticos más
importantes?
El punto fundamental era el de la integración y
la infraestructura, particularmente energética. Era una cuestión clave en lo
programático pues se vinculaba con la visión que tenía la Coordinadora de la
construcción de una integración alternativa, cuestión que se mantiene hasta
ahora. Un segundo punto era la oposición al modelo privatizador. En aquél
momento ese modelo se impulsaba con mucha fuerza e implicaba que la energía
dejaba de ser un bien social y pasaba a ser una mercancía. Y eso no fue un
eslogan. Fue toda una concepción y en ella se jugaba el marco regulatorio común
para todos los países que llevó a que la integración energética quedara en manos
de decisores privados. Fue así como se fueron construyendo “carreteras
energéticas” sin que los estados pudieran incidir en las decisiones. Y cuando
tomaron decisiones las tomaron mal, intencionadamente o no. Yo estoy convencido
que en Uruguay no se hicieron inversiones en generación desde 1991 con el único
fin de debilitar a la UTE y favorecer la introducción de la inversión privada.
Era imposible en aquel momento -y lo planteamos- no pensar en una “carretera
eléctrica” que nos uniera con Brasil, con todo el potencial hidroeléctrico que
tiene.
La necesidad de pensar los temas regionales en el
marco de la COSSEM nos llevó incluso a formar un grupo de investigación con
técnicos de todos los países. Esto era clave para la Coordinadora porque en ese
momento –y ahora también- se hacía hincapié en otro modelo de integración. No de
base comercial como la actual, sino productiva, con generación de empleo,
justicia social y una integración política profunda con clave en una nueva
frontera. Y esa sigue siendo la propuesta del movimiento sindical de la región
actualmente. Hoy seguimos impulsando esto en un escenario político favorable en
cuanto correlación de fuerzas, pero donde los gobiernos de izquierda mantienen
los mismos esquemas de integración, con los mismos contenidos que antes.
Otro punto importante para la COSSEM era todo lo
relacionado con la eficiencia energética y el uso racional de la energía, esto
que tiene tanto que ver con los problemas que tenemos en el Uruguay de hoy. Una
política de eficiencia energética que dure en el tiempo, no para junio, julio y
agosto. Esto también formaba parte de la visión que teníamos en aquel entonces y
por eso también éramos contrarios a los nuevos marcos regulatorios; porque
veíamos que si se dejaba el recurso energético en manos privadas se transformaba
en una mercancía e iba a ser muy difícil tomar medidas de este tipo.
Y ahora, como es?
Lo que ha cambiado ahora es que hay un escenario
político diferente. Nuestra propuesta se mantiene, lo que cambia es que hay una
correlación de fuerzas favorable a nivel Mercosur. Sin embargo, la situación
actual del proceso de integración regional, la foto de hoy, es una enorme
decepción. Nosotros estuvimos doce años remando contra un Mercosur que a lo
único que se dedicaba era a bajar aranceles. Incluso en ese escenario de
correlación de fuerzas negativas igualmente nosotros podíamos avanzar como
movimiento sindical regional en algunos espacios tripartitos para la discusión
de algunos temas. No sólo los socio-laborales, sino también los de la
integración profunda, productiva, económica, social, política y cultural.
Nosotros somos integracionistas porque vemos que
la única manera de disputarle hegemonía a Estados Unidos, la Unión Europa o
Japón es desde la región. Y vemos que el mundo del siglo XXI se va diseñando
políticamente a nivel global con un número limitado de jugadores. Entonces
nosotros queremos que nuestro bloque sea un bloque que dispute este poder.
Nosotros vemos en el Mercosur la posibilidad de la integración en
infraestructura pero también en la complementariedad productiva. No queremos
repetir el esquema centro-periferia del capitalismo global adentro de la región
-que es lo que hace Argentina con las papeleras- sino repartir el trabajo. El
trabajo con intelectualidad, con valor agregado, con tecnología, distribuirlo
equitativamente entre los socios.
Cuando asume Lula, se instalan en el Mercosur los
“Foros de Competitividad”, un espacio de diálogo entre gobiernos, sindicatos y
empresarios. Ahí nos dimos cuenta lo que le costaba a los gobiernos incluir a
las trasnacionales que seguían tomando decisiones e incidiendo en la economía
energética independientemente de lo que se decidiera en esos espacios. Allí iban
los pequeños y medianos empresarios pero era difícil llevar a los jugadores más
fuertes a esas discusiones donde de lo que se trataba para el movimiento
sindical era de diseñar una nueva división del trabajo regional que tuviera a
su vez un impacto en el mediano plazo en la estructura de la división del
trabajo a nivel global.
Creo que nuestra decepción ahora viene por eso.
Porque no vemos que los gobiernos tengan fuerza para imponerse a esos grandes
jugadores. Por ejemplo: en el 2002 los gobiernos firman un acuerdo para los años
2004 –2006. La agenda de los sindicatos estaba toda incluida allí: la
complementación productiva y todos estos temas que estamos hablando. El mismo
año, el gobierno argentino llegó a la cumbre de Ouro Preto... ¡a hacer una
propuesta de salvaguardias nacionales! Era como llevar al Mercosur al año 1990,
antes de que existiera. Eso en aquel momento no caminó, pero ahora, este mismo
año, Brasil y Argentina acaban de firmar un acuerdo bilateral de salvaguardias,
donde quedan afuera los demás países. El conflicto de las papeleras, los
problemas con la entrada de arroz a Brasil, la respuesta de Uruguay buscando un
TLC con Estados Unidos, muestran que han cambiado poco las cosas.
De tus palabras deduzco que, por un lado, los
actores privados siguen teniendo la sartén por el mango y los gobiernos no
logran imponerse. Y por otro lado los gobiernos progresistas no logran
sintonizar una integración alternativa. Entonces ¿para qué sirve la correlación
de fuerzas favorables?
En la practica, a nivel de integración, nada.
Tenemos el mismo Mercosur que teníamos hace 5 años. Pero los presidentes no
están ahí producto de la gracia divina. Están ahí por un proceso de acumulación
de décadas, que resultó en una votación popular que los coloca en el gobierno. M
refiero básicamente a Brasil y Uruguay, que son gobiernos de izquierda.
Entonces, ahí es donde yo digo que la correlación de fuerzas la tenemos que
hacer valer a nuestro favor con nuestra capacidad de propuesta y movilización.
Pero hay otros factores que influyen en que
estemos en esta situación. Brasil, que es el líder natural en el Mercosur estuvo
un año y medio metido en una crisis de corrupción que lo llevó a estar todo el
tiempo mirando para adentro y ahora está en plena campaña electoral. Entonces yo
tengo expectativas de que a partir del año que viene Brasil vuelva a jugar como
al principio del mandato de Lula. En aquel momento tuvo una actitud muy
agresiva: marcó la cancha del Mercosur, llevó al Mercosur a firmar un acuerdo de
complementación con la Comunidad Andina de Naciones –pensando en la Comunidad
Sudamericana de Naciones, el viejo proyecto brasileño– y llegó a la OMC habiendo
articulado aquel grupo de los 20 en una alianza sur-sur que enfrentó a las
potencias mundiales trancando la ronda de Doha. Ahora hay una disputa de
liderazgo con Chávez muy grande que hay que ver como evoluciona. Y en esa
disputa de liderazgo el tema energético tiene mucho que ver. Hemos asistido en
los últimos meses a tres mega proyectos: uno que ya esta fuera de agenda, el de
Camisea, y los últimos patrocinados por Chávez. El más corto vendría de Bolivia
sin la participación de Brasil y Argentina. El más largo atravesaría el
continente y sólo pensar en el precio final del gas –sin entrar en el tema las
posibilidades reales de abastecimiento- ya lo hace inviable. Pero todo esto es
más que nada discurso, sin contenido real.
¿Como ves entonces el futuro de la integración
energética?
En el marco de coyuntura actual, no lo veo. Para
peor ahora vienen dos semestres malos: viene la presidencia pro-tempore de
Brasil, con un país en pleno proceso electoral y luego la presidencia de
Paraguay que no va a incidir demasiado. Pero la perspectiva en el mediano plazo,
con un segundo mandato del PT de Lula, y solucionados los problemas internos que
hicieron que se metiera para adentro, seguramente Brasil vuelva al esquema de
política exterior que se vislumbró en 2003 ejerciendo el liderazgo regional. En
un escenario de ese tipo la perspectiva puede ser positiva
Publicado en el suplemento de
Energía del periódico “La Diaria”, junio 2006, Montevideo.
Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos..
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