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La integración energética en transición
Gerardo Honty *
La integración energética regional sigue enfrentando problemas. En estos días está en el foco de la discusión la imposibilidad de Paraguay de exportar electricidad hacia
Uruguay por trabas que estaría poniendo el gobierno argentino. Pero esta es solo la última de las controversias que ha habido en los últimos años entre las que se cuentan
las dificultades de Bolivia para cumplir con sus compromisos hacia Argentina y Brasil,
los incumplimientos de Argentina con Chile y la antigua batalla de Paraguay por
obtener mejores precios por la electricidad que vende a Argentina y Brasil.
Hidroelectricidad
Paraguay es el país con mayor excedente de electricidad de la región. Esto se deriva de
las dos grandes represas binacionales que posee junto con Brasil (Itaipú, 12000 MW)
y con Argentina (Yaciretá, 3200 MW). Por los tratados que dieron origen a estas dos
represas, Paraguay es propietario del 50% de cada una de ellas pero está obligado a
vender los excedentes (95% de la energía generada) a sus socios respectivos. Desde
que Fernando Lugo asumió la presidencia del Paraguay, ha puesto en el primer lugar
de las agendas bilaterales con sus socios, la mejora de los precios y la libertad de
comercialización del 50% que le corresponde de cada una de las centrales.
En el caso de Itaipú, el tratado vence en el año 2023 y Paraguay recibía hasta hace
poco unos 100 millones de dólares al año por la venta de energía a Brasil, pero las
autoridades paraguayas estiman que el país debería recibir unos 1000 millones de
dólares si la electricidad se cotizara al valor del mercado. Por un acuerdo celebrado
en 2009, luego de arduas negociaciones, Brasil aumentó la tarifa de la electricidad
proveniente de Itaipú (de US$ 2,7 a US$ 8,4 el MWh), por lo que en la actualidad
Paraguay recibe 360 millones de dólares al año, cifra menor a lo pretendido pero que
triplica los ingresos anteriores.
El 98% de la electricidad que genera Yaciretá es enviada a la Argentina. Al igual que
ocurre en el caso de Itaipú, Paraguay estima que el precio que paga Argentina (entre
US$ 8 y US$ 30 el MWh) es muy menor que el precio de mercado (US$ 80 a US$
100). Pero además, Paraguay y Argentina mantienen un litigio por la posibilidad de
vender parte de la energía de Yaciretá a terceros países.
En particular están muy avanzadas las negociaciones para que Paraguay exporte energía
a Uruguay, ya sea de la propia Yaciretá o de una represa interior, propiedad exclusiva
de Paraguay (Acaray, 210 MW). Pero esta energía debería atravesar el territorio
argentino y el gobierno de este país aún no ha autorizado esta posibilidad.
"En mi opinión rige el Tratado de Asunción, en que la Argentina no tendría que
poner ninguna traba abierta o encubierta que impida la libre circulación de bienes y
servicios", dijo Ricardo Canese, Coordinador de la Comisión de Entes Binacionales
Hidroeléctricos en declaraciones publicadas por el diario paraguayo La Nación.
Canese fue enfático al señalar que la presidenta Cristina Fernández, ya en diciembre
del 2008 se comprometió a permitir el paso de la energía paraguaya con destinos
a Chile y a Uruguay. "Desde el inicio de nuestro mandato ya hemos iniciado estas
gestiones, se comprometió dejar pasar la energía paraguaya a Chile o Uruguay en diciembre del 2008, ya estamos en agosto de 2011 y hasta ahora se están poniendo
trabas fuera del Tratado de Asunción", hecho que considera "extremadamente grave" (HidrocaburosBolivia.com, 15/08/2011).
Por su parte el Director de Energía de Uruguay, Ramón Méndez, expresó que "Ese
país (Paraguay) tiene sumo interés en vender electricidad a Uruguay, también saliendo
de dos compradores compulsivos, para decirlo de alguna forma, que son Brasil y
Argentina. Aquí nuevamente no está planteado un tema técnico de pasaje de electricidad
-las líneas funcionan sin problemas- sino que la dificultad está en que Argentina
permita el pasaje de esta electricidad sin ser internalizada y luego reexportada" (www.sociedaduruguaya.org, 22/5/2010). Para Uruguay deben respetarse los acuerdos
de libre tránsito alcanzados en el seno del Mercosur para este tipo de tráfico entre los
países. "Es como si tuvieran un camión retenido en la frontera", graficó Méndez (El
Observador, 4/7/2011).
Es de destacar que este caso va más allá del reclamo paraguayo de poder comercializar
a terceros países su cuota parte de energía de las binacionales Itaipú y Yaciretá. Se
trata de poder envía a través de Argentina la electricidad producida en Acaray, una
hidroeléctrica cien por ciento paraguaya.
Gas natural
Algo similar le sucede a Uruguay con su intención de importar gas natural desde
Bolivia, para lo cual debe utilizar los ductos argentinos. Las negociaciones han sido
también problemáticas y la condición que ha puesto Argentina es que se garantice
la conectividad del noreste del país. Esto implica la construcción del Gasoducto de
Integración Juana Azurduy (GIJA) recientemente inaugurado y el Gasoducto del
Noreste Argentino (GNEA), el que se planea comenzar a construir en el próximo mes
de octubre.
La preocupación argentina se basa en la falta de cumplimiento de los compromisos
asumidos por Bolivia de entregarle 27,7 millones de metros cúbicos de gas natural
diarios a partir de 2010. Bolivia produce entre 38 y 43 millones de m3/d de los cuales
aproximadamente 30 millones se destinan a Brasil y 7 millones destina a su mercado
interno. Argentina ha estado recibiendo en estos últimos años apenas entre 2 y 7
millones de m3 de gas al día, algo muy escaso si se consideran los 144 millones de m3
que consume cada día.
Esto a su vez tuvo repercusiones en las exportaciones de gas de Argentina a Chile. Entre
1996 y 1999 Chile construyó 7 gasoductos hacia Argentina y llegó a importar unos 25
millones de m3/d hasta que en 2004 comenzaron las restricciones. A los problemas
internos de Argentina que no pudo ampliar su producción gasífera se le sumaron los de
Bolivia que tampoco logró concretar inversiones para ampliar su propia producción.
Actualmente Chile ha construido dos plantas regasificadoras, una en Quintero y otra
Mejillones, con las que espera abastecerse a partir de gas licuado importado.
Brasil por su parte ha tomado sus recaudos. Si bien en algún momento tuvo la
expectativa de ampliar sus importaciones de gas desde Bolivia, a partir de la
nacionalización decretada por el presidente Evo Morales, Brasil comenzó a cambiar de
planes. Las previsiones a futuro de Brasil son mantener los 30 millones de m3 diarios
que actualmente importa de Bolivia pero ampliar su oferta interna de gas natural a partirde recursos propios o la importación de gas natural licuado (GNL) de otros países. Si el
gas natural boliviano representaba más del 40% de la oferta interna brasileña en 2006,
para el año 2012 el gobierno de Brasil prevé que esta cifra baje a un 22%. [1]
Modalidades de la integración
La integración energética regional parece estar sufriendo los efectos de su adecuación
a las nuevas formas de gobierno del sector de la energía. La modalidad de integración
promovida durante las décadas de 1980 y 1990 era funcional a una estrategia de
liberalización de los mercados que buscaba favorecer los desarrollos empresariales del
sector energético.
En el año 2003 CEPAL lo describía de la siguiente manera: "los procesos de integración
reciente en América Latina no son el resultado de una voluntad predeterminada de los
gobiernos de un conjunto de países, tal como ocurrió en el caso de de la Unión Europea,
ni de un modelo de transferencias tecnológicas en cadena, como en el caso asiático,
sino la consecuencia de un conjunto de relaciones prácticas donde los particulares y los
gobiernos interactúan generando una dinámica de integración" [2].
Con la entrada del nuevo siglo los países sudamericanos han iniciado un proceso de
retoma del control del sector y la integración energética en este nuevo contexto requiere
de una modalidad más centralizada. La idea de una interconexión internacional con libre
acceso a las redes y las fuentes energéticas es compatible con una modalidad de libre
funcionamiento de los mecanismos de mercado. Pero ante la presencia de gobiernos
que procuran una mayor presencia en el diseño de la política energética, la integración
requiere de alguna forma de coordinación política supranacional.
El Consejo Energético de Suramérica (creado en 2008) y el Tratado Energético
Suramericano (aún en elaboración), son tibios pasos en ese sentido. Las controversias
entre países señaladas anteriormente son una prueba cabal de que aún se está lejos de
ofrecer una plataforma política para una modalidad de integración energética que pueda
resolverlas. Quizá estemos sufriendo los desacomodos que provoca la transición de un
estilo de integración que ya no funciona hacia otro que aún está en preparación.
Notas:
[1] Kozulj, Roberto: Situación y perspectivas del gas natural licuado en América del Sur.
CEPAL, 2008
[2] "Energía y desarrollo sustentable en América Latina y el Caribe. CEPAL, 2003
* Gerardo Honty es analista en energía de CLAES, Centro Latinoamericano de
Ecología Social. Publicado con modificaciones en ALAI, 08/09/20011 |