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Un viaje virtual por el mundo de los derrames nucleares
Diego
Martino
Recientemente
se ha instalado en Uruguay un activo lobby para despertar la “discusión”
sobre la posibilidad de establecer una central nuclear en el país. Si tomamos
como ejemplo el diario El País, hasta ahora esta discusión se ha parecido más
a un monólogo promotor de la energía nuclear, ya que solo se pudo escuchar una
campana. Los
argumentos esgrimidos se basan generalmente en la crisis energética nacional y
regional y en la existencia de la energía nuclear como única alternativa
posible. Incluso se esgrimen razones “ambientales” por parte de actores
inesperados, quienes de golpe se preocupan por el cambio climático. Preocupado
por este embate en pro de la instalación de una planta de energía nuclear en
Uruguay, y movido por la falta de inclusión de otras visiones en esta
“discusión”, es que decidí comprobar si están fundados mis temores a que
se instale una planta de estas características en nuestro país. Decidí
entonces entrar en el sitio Google News. En el mismo, mediante el uso de
palabras clave se puede hacer una búsqueda de todas las noticias publicadas en
medios de prensa con las palabras seleccionadas. La búsqueda en mi caso fue
restringida sólo a un mes (25 de julio a 24 de agosto del 2006), al idioma inglés,
y las palabras utilizadas fueron nuclear y leak. Leak se traduce como pérdida,
derrame o fuga. Los
resultados fueron interesantes. Se encontraron 1340 hits, es decir, 1340 artículos
en un mes que contienen las palabras nuclear y leak. Leí poco más de
doscientas de estas noticias, y al hacerlo tuve la oportunidad de hacer un viaje
virtual mundial de la mano de los derrames nucleares. Los acompaño a participar
de este viaje. Comencemos
de este lado del Atlántico y por Estados Unidos, una de las potencias tecnológicas
más avanzadas y con mayores recursos del mundo. Sin duda más avanzada en
materia nuclear y con mayores recursos que mi querido Uruguay. En la soleada
California, cuando uno concurre a la playa no sólo debe usar protector solar
para cuidarse del cáncer. También tiene que cuidarse del agua ya que cientos
de litros de agua radioactiva se filtraron de la planta en San Onofre. Para
tranquilidad de los moradores del lugar la Comisión Reguladora Nuclear anunció
que el agua no llegó a las fuentes de agua potable, y que una persona puede
beber el agua contaminada sin problemas. Dentro del mismo organismo no se
encontraron voluntarios para una comprobación empírica. Viajemos
ahora hacia la otra punta de Estados Unidos, el Estado de Florida, en donde la
planta de Crystal River experimentó una pérdida de agua que llevó a su
cierre. En la planta de Kewaunee, en Wisconsin, se detectó tritium, sustancia
radioactiva, en agua extraída debajo de la planta. Pese a que la búsqueda de
la fuente de pérdida lleva varios días aún no se ha detectado la misma. En
nuestro viaje virtual también nos enteramos de pérdidas en las plantas de
Oyster Creek en New Jersey; fuga de hidrógeno en la planta de Brunswick, en
North Carolina; contaminación de un río y un pozo de agua con tritium en
Illinois; y por último una fuga de vapor radioactivo en la planta Fermi II de
Newport, Michigan. Otro dato interesante que levantamos del rápido vuelo por
las noticias de este país es que una planta para procesamiento de basura
nuclear que se planea instalar en Nevada costaría, de acuerdo con el
Departamento de Energía, unos US$ 60.000.000.000 (San Francisco Chronicle,
24/7/2006), o sea casi seis veces nuestra pesada deuda externa. Crucemos
ahora el Atlántico y veamos qué cosas pasan por el Reino Unido. Nos enteramos
que los californianos no están solos en el tamaño de sus pérdidas. En Cumbria
se filtró ácido conteniendo 20 toneladas de uranio y 160 kilogramos de
plutonio. Además, en East Lothian se dañó el núcleo del reactor, y en la
planta de Hunterston en North Ayrshire se derramó agua radioactiva de un
tanque. Al menos estos derrames parecen ser positivos para el fisco ya que dos
plantas fueron multadas con 4 millones de libras, poco más de 7 millones de dólares.
Zaidensztat seguramente espere las plantas con los brazos abiertos. Si
nos internacionalizamos un poco también nos enteramos que la planta Angra 2 en
Brasil estuvo cerrada por problemas con los sistemas de control de fluidos, que
la planta de Temelin en la República Checa compite con California y Cumbria ya
que perdió entre 100 y 200 litros de ácido nítrico, y que la planta Fukushima
Daiichi en Japon tuvo una fuga de vapor radioactivo. No
es sorpresa entonces que la falta de derrames sea anunciada como noticia por
parte de la compañía Exelon, dueña de una docena de centrales nucleares en
Estados Unidos. Claro está que en el pasado también ellas sufrieron algunas
fugas. Para
finalizar este viaje debo destacar que el mismo se basó en tan solo un mes de
noticias, y en un solo idioma de búsqueda. Imaginen las posibilidades si hiciéramos
la búsqueda en francés, chino, ruso, etc. Luego
de este viaje me siento un poco más tranquilo sobre mi escepticismo a la
instalación de una usina nuclear en Uruguay. Al parecer la tecnología no es
tan segura como pregonan por aquí. Además, no sólo no creo que contemos con
un Estado capaz de controlar una planta de este tipo, también temo por el costo
ambiental, por los posibles efectos sobre la salud, y por el enorme costo económico,
todos los cuales deberán ser asumidos por cientos de generaciones (sí,
cientos) de nuestros descendientes uruguayos.
D.
Martino es analista de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología
Social). |