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Energía: sueños y realidades
José Goldemberg
El gobierno de Brasil sueña con soluciones "milagrosas" como
las usinas de Río Madeira o centrales nucleares.
El gobierno federal parece reconocer el letargo que tuvo lugar los últimos años
en relación a la producción de electricidad, la que es esencial no sólo para el
crecimiento de la economía, para el paquete de aceleración el crecimiento, sino
también para garantizar el suministro de lo que ya existe en el país.
Problemas con la planificación o la falta de lluvias ya fueron responsables del
apagón de 2001, que afectó la vida de todos los brasileros. Las perspectivas de
que algo semejante va a ocurrir en los próximos años son reales y por ello el
problema no es ahora menos urgente debido a las excelente lluvias que tuvimos
este año, que incrementaron las reservas de las usinas hidroeléctricas, de las
cuales depende la mayor parte de nuestra electricidad.
El nerviosismo del gobierno y del propio presidente de la República es evidente,
con los repetidos tirones de oreja que da a los órganos ambientales y las
amenazas del presidente debido a que las usinas hidroeléctricas sobre el Río
Madeira no fueron recibieron la aprobación ambiental, y con la opción de
completar la Usina Nuclear Angra dos Reis 3.
El pensamiento del presidente es erróneo. Aunque ambos proyectos fueran
iniciados mañana, llevaría por lo menos seis a siete años para que produjesen
electricidad. Es necesario encontrar otras soluciones menos problemáticas, y
ellas existen.
La potencia de las usinas ya licitadas y autorizadas con una licencia ambiental,
es de 7,3 mil megawatts (la mayoría son hidroeléctricas), lo que equivale a seis
reactores nucleares del tamaño de Angra dos Reis.
Además de eso existen 3,3 mil megawatts del Programa de Incentivo de las Fuentes
Alternativas de Energía Eléctrica (Proinfa) para energías renovables, como la
eólica (vientos), biomasa y pequeñas centrales hidroeléctricas. Sumadas estas
fuentes equivalen a una nueva represa Itaipú. La generación de electricidad
quemando bagazo de azúcar y alcohol excedente en las usinas también está
aumentando mucho, principalmente en San Pablo.
En lugar de reclamar a los organismos ambientales, el gobierno debería, por lo
tanto, enfrentar la realidad y no soñar con soluciones milagrosas como las
usinas del Río Madeira o las centrales nucleares.
La realidad es que el IBAMA (Instituto Brasilero del Medio Ambiente) es lento,
fue atrapado en el inicio de la nueva gestión del actual presidente de la
república, sus cuadros técnicos son reducidos, y muchos cuestionan su desempeño.
Hace cuatro años que el instituto debería haber sido reformulado y hubiera
tenido tiempo para mejorar su agilidad y su competencia técnica. Eso no fue
hecho y la reformulación propuesta ahora llevará tiempo para producir
resultados.
La verdad es que el problema no se encuentra únicamente en el Ibama. El modelo
energético adoptado por el actual gobierno en 2002, está basado en licitaciones
de la Empresa de Planeamiento Energético (EPE), lo que crea mas problemas de lo
que resuelve. La EPE cayó un poco en la misma ilusión de gobiernos anteriores de
creer que las usinas licitadas serán efectivamente construidas. Pero hay toda
una industria de concesiones, tal como ocurrió en el pasado, y los empresarios
dudan en invertir en un sistema en el que las reglas no son claras, a pesar del
enorme aumento de las tarifas de electricidad que ocurrieron en los últimos
años.
Es urgente analizar porqué los 7.3 millones de quilowatts licitados o
autorizados todavía permanecen en los papeles, pues es allí donde se encuentra
la solución inmediata de los problemas actuales, y no en las represas del Río
Madeira o en las centrales nucleares. Los problemas con ellas no son técnicos,
sino económicos y financieros, pues ambos emprendimientos son caros y no será
fácil financiarlos.
Las represas del Río Madeira están distantes de los principales centros de
consumo y de las largas líneas de transmisión necesarias para traer energía para
la región del sudeste, y es probale que la inversión necesaria sea finalmente el
doble. Además hay problemas estacionales con las represas en la Amazonia si no
cuentan con grandes reservas, que son, en general, los que crean problemas
ambientales y sociales.
En relación a la usina Angra dos Reis hay tres problemas. El primero es que la
Electronuclear (responsable por su construcción) tiene una "deuda impagable de
un billón de euros, y otro tanto en reales, o dólares, a cuenta de Electrobrás,
que está pagando los intereses de la deuda", según su ex presidente Luiz
Pinguelli Rosa. El segundo problema es que esta usina costará mas de 1.7 mil
millones de dólares, además de los US$ 700 millones de equipamientos ya
comprados. Un aumento de costos no sería la sorpresa porque eso ya ocurrió con
Angra 1 y Angra 2.
En tercer lugar, los entusiastas de este proyecto razonan como si el combustible
nuclear fuera barato (enriquecido con uranio) y fácil de preparar, repitiendo
siempre que Brasil tiene grandes reservas de minería de uranio. Sucede que para
transformarlo en combustible nuclear serían necesarias inversiones de centenas
de millones de dólares en las usinas de enriquecimiento. En el fondo, es como si
confundiesen bauxita con aluminio, o mineral de hierro con placas de acero de
alta calidad. Queda un enorme camino por recorrer entre el uranio y la energía
nuclear.
Todos estos problemas son económicos financieros y no hay argumento de defensa
de la soberanía nacional que pueda priorizar los reactores nucleares, a no ser
decisiones políticas que los privilegien frente a la necesidad de concluir
emprendimientos ya iniciados. El único argumento de sólido a favor de las usinas
nucleares es que ellas emiten menos carbono que las usinas termoeléctricas, que
usan combustible fósil, como carbón y gas. Sucede que un reactor como Angra dos
Reis reduce las emisiones de cerca de 2 millones de toneladas de carbono por
año, que es apenas 1% de lo que se genera en emisiones por la deforestación
amazónica. Si el gobierno buscase de hecho la disminución de las emisiones de
carbono, la reducción de la deforestación de la Amazonia es el camino a seguir.
J. Goldemberg
fue presidente de la Compañía Energética de San Pablo (Cesp), rector de la
Universidad de Sao Paulo y secretario de Medio Ambiente del estado de San Pablo.
El presente artículo fue publicado originalmente el 21 de mayo en "Estado de San
Pablo" y traducido al castellano por el equipo de CLAES D3E. Se reproduce en
nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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