Una reunión más: una reunión menos

La Convención de Cambio Climático lejos del Kioto II

 

Gerardo Honty

 

 

Entre el 28 de marzo y el 8 de abril se desarrolló en Bonn la sesión especial de los Grupos de Trabajo de la Convención de Cambio Climático que busca allanar caminos para alcanzar un acuerdo el próximo diciembre en Copenhague. Este acuerdo será la continuación del Protocolo de Kioto, muchas de cuyas cláusulas caducarán en 2012. Sin embargo, las negociaciones no logran avanzar; las reuniones pasan y los temas no se resuelven. El cambio de actitud de Estados Unidos fue recibido con expectativas por la opinión pública mundial, pero poco y nada fue lo que ofreció en esta reunión. Mucho del futuro de la energía mundial se juega en estas negociaciones y por eso vale la pena seguirle la pista.

 

 

Los temas en discusión

 

Un nuevo Protocolo de Kioto contiene una infinidad de temas que deben ser acordados entre todas las partes. Por mencionar solo algunos: quiénes van a asumir compromisos de reducción de emisiones, para cuándo y en qué proporción; cuánto de esas reducciones podrá transarse en el mercado de emisiones y cuáles serán sus reglas; quienes y en qué medida van a contribuir económicamente para financiar las medidas de adaptación al cambio climático de los países menos desarrollados y cómo se hará la transferencia de tecnologías; entre muchos otros.

 

Como puede verse la discusión no aborda tanto los temas ambientales como los económicos. En el seno de la Convención no hay dudas sobre los efectos ambientales y sociales del cambio climático no sobre cuales son las medidas para combatirlo. El informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático aprobado por todos los países en 2007 lo establece claramente: los países industrializados deben reducir un 40% sus emisiones para el 2020 y un 80% para el 2050, mientras que los países en vías de desarrollo deben bajar sustancialmente el aumento previsto de sus emisiones futuras. Lo que se discute es quiénes se hacen cargo de la cuenta.    

 

Importancia de la energía

 

Evidentemente el resultado de las negociaciones tendrá consecuencias importantes en el sector energético mundial. Más del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales están relacionadas con el consumo de energía, de manera que cualquier medida que se quiera tomar para reducir las emisiones terminará repercutiendo en las formas de producción y uso de la energía. Mayores compromisos de reducción de emisiones conllevan necesariamente una disminución del consumo de petróleo, gas y carbón (y el consecuente impacto en las empresas vinculadas al sector) y un aumento de la oferta de otras fuentes con menores emisiones como la eólica, los biocombustibles o la energía nuclear (y el consecuente impacto en las empresas vinculadas al sector). Obviamente esto traslada el eje de la discusión de la órbita del “bien público global” a la órbita del “bien privado nacional” y los diferentes intereses energéticos comienzan a operar detrás de las posiciones de los gobiernos.

 

Los temas de interés

 

Para los países en desarrollo en general, la mayoría de los temas en negociación tienen importancia crucial. Por un lado, existe la posibilidad de que, al menos algunas de las economías mayores de los países en desarrollo, asuman alguna forma de compromiso de reducción de emisiones, lo cual tendrá impactos directos en el sector energético. Pero por otro lado, el nivel de compromiso de reducción el los países industrializados estará determinando el tamaño del futuro mercado de carbono y con él buena parte de los fondos a los que los países en desarrollo podrían acceder. Si se mantiene el esquema del Protocolo de Kioto (y nada hace pensar que vaya a modificarse) que permite a los países cumplir sus compromisos comprando certificados de reducción de emisiones realizadas en terceros países, entonces cuánto mayores sean los montos a reducir, mayores podrán ser los montos de certificados que se podrán comercializar. En este contexto, el Mecanismo de Desarrollo Limpio podría adquirir nuevas y mayores dimensiones ofreciendo a países en desarrollo mayores oportunidades en el mercado de carbono.

 

No obstante, el Mecanismo de Desarrollo Limpio aún tiene muchas deficiencias que solucionar para convertirse en una herramienta útil para combatir el cambio climático. Es por eso que las reglas, procedimientos y actividades que pueden ser incluidas en el futuro esquema del Mecanismo de Desarrollo Limpio es uno de los temas importantes que se debate en los ámbitos de la Convención.

 

Los enfoques sectoriales

 

Una novedad que puede traer el eventual acuerdo de Copenhague son los proyectos sectoriales. Hasta ahora las actividades que pueden ser elegidas para generar créditos de carbono en el marco del MDL son proyectos individuales, como por ejemplo, una planta de generación de electricidad en base a energía eólica, un sistema de recuperación de metano en un relleno sanitario o el cambio de combustibles fósiles por biomasa en una industria determinada. En las actuales negociaciones se está discutiendo la posibilidad de incluir bajo este sistema en el futuro, proyectos de todo un sector de actividad nacional, por ejemplo, todo el sector eléctrico de un país. Esto implicaría establecer una línea de base sectorial de emisiones (es decir, cuál es el volumen de emisiones que se espera en un cierto período de tiempo en ese sector) y calcular cual sería el volumen de emisiones evitadas al incluir cierto tipo de medidas o actividades que involucren a todo el sector.

 

Las nuevas opciones

 

El MDL podría además incorporar otras opciones para reducir emisiones que actualmente no son permitidas. Una de ellas es la energía nuclear. Hasta ahora las plantas nucleoeléctricas no estaban autorizadas a generar créditos de carbono en el marco de este mecanismo pues se había considerado durante la discusión del Protocolo de Kioto que era dudosa su contribución al desarrollo sustentable (condición sine qua non del MDL) en función de sus riesgos ambientales. Sin embargo la discusión se ha vuelto a reeditar en esta nueva etapa de las negociaciones internacionales y podrían ser en el futuro actividades elegibles.

 

Otra nueva opción tecnológica que se propone para ser incluida bajo este régimen es el llamado Captura y Almacenamiento de Carbono (CAC). Se trata de tecnologías y procesos por los cuales el carbono que se desprende de la combustión de hidrocarburos es retenida antes de dispersarse por el aire y puede ser luego “enterrado” en el subsuelo en ciertas condiciones geológicas que garanticen cierta estabilidad a lo largo de extensos períodos de tiempo.

 

Geoingeniería

 

Esta modalidad CAC y otras formas de combate al cambio climático son englobadas bajo el gran paraguas de una nueva ciencia: la geoingeniería. Se trata de proyectos de gran escala que, como su nombre lo indica, implican una ingeniería de escala planetaria. Muchas alternativas se están investigando y probando en este sentido. Una de ellas fue muy difundida en los últimos meses en nuestra región, pues se desarrollo en la costa atlántica de Argentina. Se trató del experimento realizado por el buque Lohafex que pretendía demostrar como la “fertilización oceánica” con polvo de hierro podía aumentar la capacidad del océano de absorber carbono. El experimento resultó un fracaso pues hubo una serie de efectos secundarios no previstos que hicieron que no prosperara como se esperaba y aún está por evaluarse los impactos negativos que puede haber ocasionado. 

 

El estado de avance de las negociaciones

 

Desde que en el año 2004 comenzó a debatirse oficialmente los acuerdos “pos-Kioto” los avances han sido muy escasos. La Convención estableció dos Grupos de Trabajo (Cooperación a Largo Plazo y Protocolo de Kioto) con el fin de agilitar el proceso de negociación. Estas reuniones celebradas en Bonn fueron la quinta del primer grupo y la séptima del segundo grupo de los mencionados. Los mismos volverán a reunirse cuatro veces más antes de la decisiva Conferencia de las Partes que tendrá lugar en Copenhague el próximo diciembre. Considerando los pocos avances registrados en los cuatro años pasados, parece muy difícil que vayan a alcanzarse resultados positivos en lo que queda de este. 

 

 
G. Honty es analista de temas de energía en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social). El presente artículo fue publicado originalmente en ALAI
 


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