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Iniciativa estratégica de
biocombustibles
José Miguel Insulza y Richard G. Lugar
Nuestro hemisferio tiene exportadores importantes de petróleo, como Canadá,
México y Venezuela; e importadores, tales como los Estados Unidos, Chile,
Uruguay y casi todos los países pequeños en América Central y el Caribe.
Y después está Brasil. A pesar de su gran población y fuerte desarrollo
económico, Brasil se ha transformado de ser un importador significativo de
petróleo (las importaciones eran 46% del consumo hace apenas 10 años), a un
país autosuficiente en combustible. Los brasileños lograron esto en parte
promoviendo la conservación de energía y trabajando arduamente para
encontrar nuevas fuentes domésticas de petróleo.
Pero también apostaron fuerte al etanol producido de caña de azúcar.
Desafiando un muy extendido escepticismo, los brasileños se lanzaron, hace
casi 30 años, a utilizar el azúcar de caña de producción doméstica como una
fuente independiente de energía. Y aunque la tarea sufrió reveses, Brasil ha
sustituido hoy cerca del 40% de su consumo de gasolina por etanol. Incluso
exporta etanol a los Estados Unidos, a pesar de un alto arancel.
Brasil ha utilizado una combinación de requisitos impuestos por mandato,
incentivos fiscales, préstamos e investigaciones patrocinados por el
gobierno, así como programas innovadores tales como "clusters de
biocombustible" (negocios agrícolas a gran escala centrados exclusivamente
en la producción de biocombustibles energéticos en áreas de crecimiento
actualmente marginales) para ayudar a crear las economías a escala
requeridas para una industria eficiente.
Para distribuir el etanol a los consumidores, Brasil construyó una red de
tuberías para transportarlo desde las instalaciones de producción hasta los
proveedores domésticos de gasolina. Y más del 70% de los vehículos nuevos
vendidos en el país son modelos de uso flexible de combustible, que pueden
quemar una mezcla de hasta 85% de etanol y gasolina.
La experiencia del Brasil contiene lecciones importantes para otros países
importadores de petróleo en nuestra región. Conocemos los peligros de la
dependencia excesiva de las importaciones de energía. Los precios pueden
elevarse y el abastecimiento puede incluso interrumpirse, causando estragos
en los presupuestos del gobierno, sofocando el desarrollo económico e
incrementando el potencial de descontento social y la manipulación política
de los proveedores del petróleo.
Esto es especialmente cierto para algunos de los países más pobres de la
región, como Haití, Nicaragua y Guyana. Los desafíos que estos países en
desarrollo enfrentan son agravados por los altos precios de la importación
de petróleo.
No todos pueden producir caña de azúcar tan eficientemente como Brasil. Pero
con la nueva tecnología celulósica que se acerca a un lanzamiento comercial,
virtualmente cualquier clase de astilla de madera-biomasa, paja, basura
agrícola, incluso abono de vaca, puede ser utilizado para fabricar
biocombustibles.
La experiencia en Estados Unidos, que obtiene etanol del maíz y
recientemente sobrepasó a Brasil como mayor productor del mundo, demuestra
que la producción de biocombustible puede generar mayores ingresos y
aumentar la creación de empleo en las comunidades rurales.
Los problemas de la dependencia del petróleo y el potencial que existe para
los biocombustibles serán debatidos en junio, en Panamá, durante la Asamblea
General de la Organización de los Estados Americanos. El tema central será
la energía, incluyendo la búsqueda de las soluciones sostenibles para su
producción y uso.
Todo esto ofrece una oportunidad sin precedentes, tanto para Brasil como
para Estados Unidos, de unirse en una alianza estratégica hemisférica que
permitiría enfrentar dos de los mayores retos del continente: la inseguridad
energética y la pobreza. Ambos países podrían dar un importante impulso al
desarrollo del biocombustible en toda la región.
En marzo, el Presidente George Bush viajará a Sao Paulo para reunirse con el
Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y firmar un acuerdo
bilateral importante sobre biocombustibles, con el fin de mejorar la
cooperación del sector privado en esta área, promover el uso de etanol en la
región y comenzar a transformarlo en un "commodity" global. Éste es
un buen primer paso, pero creemos que los dos pueden ser mucho más
ambiciosos. Los presidentes Bush y Lula deben ampliar y potenciar la
iniciativa, lanzando un programa conjunto de inversión, entrenamiento e
investigación para construir capacidades de producción de biocombustibles a
través de la región y del mundo.
Podrían utilizarse becas y préstamos de los bancos regionales de desarrollo
para determinar las potencialidades de los biocombustibles en cada país.
También podrían usarse inversiones y préstamos de Estados Unidos, de Brasil
y de otros gobiernos interesados, así como fuentes del sector privado, para
perfeccionar la tecnología celulósica, entrenar a agricultores para las
cosechas de biomasa y construir instalaciones de producción de
biocombustibles y sistemas de distribución. El senador Lugar presentará
próximamente legislación en el Senado norteamericano para iniciar esta
propuesta.
Tal programa de inversión podría, finalmente, crear un mercado próspero de
biocombustibles en el Hemisferio Occidental, que aliviaría la pobreza,
crearía trabajos y aumentaría ingresos, mejoraría la seguridad energética,
fortalecería la independencia de las naciones y protegería el medio
ambiente. Implementada vigorosa y ampliamente, esta asociación representaría
un profundo cambio en la política de Estados Unidos hacia América Latina, y
daría forma a una verdadera colaboración entre el norte y el sur, y a
estrategias conjuntas económicas y de seguridad que beneficiarían a todos.
J.M. Insulza es Secretario General de la OEA, y
R. G. Lugar es senador republicano de EE.UU.
Publicado en el periódico El Mercurio (Chile),
Jueves 1º de marzo de 2007. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos.
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