La gira del etanol

 

Un vaquero en la taberna

 

 

Eduardo Gudynas

 

La reciente visita del presidente de Estados Unidos, George Bush, a varios países latinoamericanos ha sido calificada como la “gira del etanol”. Los biocombustibles se convirtieron en uno de los temas clave, tanto desde las expresiones de la delegación de Washington como por las declaraciones gubernamentales, en especial de Brasil pero también de Colombia y Uruguay. Asimismo, la contra-gira de Hugo Chávez, presidente venezolano, también le otorgó una gran relevancia a esa cuestión, aunque en sentido inverso: mientras Bush y Lula apuestan a los biocombustibles, Chávez los critica, y de alguna manera recuerda la permanente importancia del petróleo.

 

Parecería que nos encontramos con un vaquero texano que visita las tabernas del sur en busca de esos nuevos combustibles. Allí hay más de un país deseoso de vendérselos. Se anunciaron muchos acuerdos en ese campo, varios diarios locales alimentaron fantasías de grandes negocios, y hasta los reporteros de CNN informaban sobre los “importantes convenios” que arrojó, por ejemplo, el encuentro de Bush con el presidente brasileño Lula da Silva. Pero la realidad es otra: en varios países no se firmaron convenios ni acuerdos, y en Brasil apenas se tiene el anuncio de una intención.

 

Es que el mercado de esos biocombustibles no sólo es complejo, sino que enfrenta limitaciones estructurales y presenta potenciales impactos negativos de envergadura. Los grandes productores de etanol son Estados Unidos y Brasil. En la nación del norte se produjeron 18,3 mil millones de litros, y se consumieron 21,1 mil millones de litros; mientras que las tierras brasileñas arrojaron 17,4 mil millones de litros, y se consumieron 15 mil millones de litros (datos para la zafra 2006-7; según Folha do Sao Paulo, 4 de marzo 2007). Estados Unidos enfrenta un déficit en el sector, y Brasil se ha convertido en un exportador (exportó directamente 1,7 mil millones de litros de etanol a Estados Unidos, y otros 500 mil litros vía países del Caribe).

 

Otras comparaciones entre los dos países son necesarias. Todo indica que Brasil ha avanzado mucho en la tecnología de producir combustibles, y en usarlo en medios de transporte. Pero además la productividad es mayor en tierras brasileñas: 6 mil litros por hectárea, contra 3500 litros por hectárea en Estados Unidos. El costo en Brasil es US$ 0,22 por litro, a partir de la caña de azúcar, mientras que en Estados Unidos es más alto, US$ 0,30 por litro en base al maíz (recordemos además que allí se otorgan subsidios, estimados en US$ 0,13 por litro). Asimismo, las unidades de energía renovable producida por unidad de energía fósil que se usa en esos cultivos es más amplia en Brasil (8,9 versus 1,4 en Estados Unidos) (todos los datos de Folha do Sao Paulo, 4 de marzo 2007).

 

Una primera aproximación a estas cifras parecería indicar que Brasilia se encuentra frente a un negocio potencial formidable: exportar etanol al sediento Estados Unidos, que busca reducir su dependencia del petróleo, y en especial de aquél que proviene de Venezuela. En la misma línea buscan posicionarse Uruguay y Colombia, ya que los dos se ofertan como posibles taberneros de etanol en el futuro próximo. En Argentina se coquetea con la misma propuesta, en tanto es otro gran agroexportador.

 

En el gobierno Lula hay varios actores que desean profundizar esta línea de negociaciones, y el propio presidente ha anunciado que desea convertir a su país en un exportador global de biocombustibles. Pero esa estrategia enfrenta varios problemas.

 

En primer lugar, es necesario que Brasil atienda su propio consumo doméstico. Las proyecciones, dadas a conocer por los voceros del gobierno, estiman que el consumo interno de etanol será de unos 24 mil millones de litros al año 2013. Para atender esas necesidades y lograr un adicional que pueda ser exportable, la meta propuesta es duplicar el área de cultivo de caña de azúcar al año 2013, y entonces se pasará de producir 420 millones de toneladas, a 720 millones de toneladas. Bajo ese enorme aumento del cultivo se logrará producir unos 35 mil millones de litros, con lo que se asegurará el consumo doméstico y un excedente exportable (datos en Valor, 8 de marzo 2007).

 

En segundo lugar, esta situación deja en claro que los márgenes de acción son estrechos y es evidente una tensión entre la potencial demanda interna y los intereses de los exportadores. Brasil por momentos parece más interesado en exportar que en sus necesidades internas. Es así que es un activo proponente en transformar el etanol en una mercadería de transacción internacional, un commodity. En la misma línea están Estados Unidos, Japón y hasta el BID.

 

En diciembre de 2006 se creó con ese fin un comité hemisférico de producción de etanol donde participan el hermano de George Bush (Jeb, ex gobernador de Florida), un ex jefe de gobierno de Japón y hasta el presidente del BID, lo que ha desembocado en posibles líneas de crédito de ese banco para promover los biocombustibles en todo el continente. A pesar de ese entusiasmo, el ex ministro de agricultura de Brasil, Roberto Rodrígues, quien es el co-presidente de ese comité, reconoce que la prioridad de su país debería ser el mercado interno (Gazeta Mercantil, 11 de marzo 2007). Por lo tanto, habrá que ver cómo se establece un balance entre la producción destinada a las necesidades propias de Brasil y las posibles ganancias que arrojaría su exportación.

 

En tercer lugar, la expansión de biocombustibles tiene enormes repercusiones sobre el sector agrícola, y potenciales impactos negativos ambientales y sociales. Este nuevo énfasis hace que se destinen tierras de cultivo a fines energéticos y no a producir alimentos, con lo cual es posible que se eleve el precio de algunos productos. Todos los planes implican algún tipo de presión mayor sobre el ambiente y un avance de la frontera agropecuaria. Si bien en Brasil algunos sectores gubernamentales sostienen que es posible incrementar sustancialmente la producción de caña de azúcar reconvirtiendo tierras de pasturas para evitar ingresar a nueva áreas, en especial en la Amazonia, la experiencia pasada y actual aporta evidencia en sentido contrario. En efecto, estos cultivos de alto valor, y en especial los de exportación, aumentan los impactos ambientales (especialmente en zonas del Cerrado y otras áreas cañeras de Brasil), pero además expulsan otras actividades, en especial la ganadería, hacia nuevas regiones, y con ello contribuyen a alimentar la invasión de la Amazonia. Sea por un mecanismo o por otro, la presión ambiental se incrementará. Lo mismo sucederá con los agricultores, en especial los más pequeños, al aumentar la sombra de los agronegocios. Esto explica la sucesión de declaraciones en contra de varias redes sociales que rechazan este modelo de biocombustibles agroexportador.

 

En cuarto lugar, la apuesta productora de Brasil, así como las declaraciones que se dan en la misma línea en los países vecinos, una vez más insiste en estructurar el sector agropecuario hacia las exportaciones. Los mercados y opciones externas vuelven a ser una vez más las fuerzas estructurantes de los procesos productivos dentro de nuestros países. Esos factores tienen tanta fuerza que la visita del presidente Bush, desprestigiado, en el último tramo de su mandato, y cuestionado por la izquierda en el gobierno, de todas maneras alentó todo este alboroto y muchas expectativas sobre el comercio internacional de estanol. Tan solo en Brasil se esperan aumentar las exportaciones, se reclaman rebajas en los aranceles estadounidenses y se anuncia la construcción de una usina de etanol por mes, al año 2013, y con una inversión de más de 14 mil millones de dólares.

 

Finalmente, una vez más quedó por el camino la coordinación regional dentro de Mercosur. Tanto Brasil y Uruguay en su apoyo a la comercialización de biocombustibles, como Venezuela en su crítica, son todos miembros de ese bloque. Ninguno de ellos parece recordar el Acuerdo Marco sobre Complementación Energética del Mercosur, firmado por los presidentes en diciembre de 2005, y que apuntaba a fortalecer la coordinación entre estos países. Hasta ahora no existen posturas comunes sobre los biocombustibles, y una vez más cada uno negocia y actúa por separado.

 

 

E. Gudynas es analista de información en D3E CLAES. Publicado en el semanario Peripecias Nº 39 el 14 de marzo de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.


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