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El etanol, las petroleras y el falso
ecologismo de Bush
Humberto Campodónico
Hace pocos días, el septuagenario magnate petrolero Boone Pickens volvió a
hacer noticia, diciendo que la producción mundial de petróleo, de 85,000
millones de barriles diarios, ha alcanzado su pico y es muy difícil que
pueda seguir subiendo. Agregó que, si la demanda de crudo se eleva por
encima de 85,000 millones de barriles diarios, entonces los precios se
elevarán a un promedio de US$ 70 por barril este año. Con esos precios, las
fuentes alternativas de energía se volverían rentables y podrían comenzar a
reemplazar al petróleo crudo.
Boone Pickens no está solo en este discurso (si bien se duda de su
pronóstico de alza del precio). El propio George Bush planteó en su Mensaje
a la Nación hace un mes que era importante comenzar a producir etanol a
partir de la caña de azúcar. Sucede que en EEUU la mayor parte de la
producción de etanol proviene del maíz, que es mucho menos eficiente y que,
además, está fuertemente subsidiado por el gobierno.
Ahora, en su gira por América Latina, Bush se reunirá con Lula y seguramente
firmarán un Memorando de Entendimiento llamando a que otros países en
América Latina, América Central y el Caribe amplíen (o comiencen) sus
cultivos de caña de azúcar para producir y exportar etanol. ¿Cuál es el
mercado de destino? Estados Unidos. ¿De dónde vendría la tecnología y la
maquinaria? De Brasil.
Los críticos dicen que esta iniciativa de Bush tiene como objetivo prolongar
el consumo de petróleo, favoreciendo a las grandes transnacionales
petroleras, mientras trata de acceder a las reservas de los países del Medio
Oriente (todas en manos de empresas petroleras estatales, salvo Irak post
invasión).
La crítica central se basa en números concretos: actualmente EEUU consume
146,000 millones de galones anuales de gasolina. ¿Cuánto de eso es etanol?
Son 7,000 millones de galones al año, lo que equivale al 4% del consumo
total.
El plan de Bush propone quintuplicar el consumo, llegando a 35,000 millones
de galones en el 2017. Pero sucede que ni el propio Departamento de Energía
de EEUU cree en esa cifra: "Guy Caruso, jefe de la oficina federal de la
Administración para la Información de Energía (EIA), dijo que los
pronósticos de la agencia apuntan a una producción de solo 11,500 millones
de galones en el 2017" (Washington Post, 28/2/07). La diferencia es de
23,500 millones de galones (35,000 - 11,500). Añade Caruso que su agencia no
fue consultada por Bush sobre las proyecciones de consumo de etanol.
¿Cómo podría EEUU, entonces, cubrir ese déficit? ¿Se estará pensando que lo
cubran nuestros países? Tampoco, y la razón es simple. Brasil, que
actualmente produce el 60 a 65% de etanol del mundo, en el 2005 exportó 640
millones de galones (el 12% de su producción total). Como se aprecia, esta
cifra es ínfima para las necesidades de EEUU. Y, en el mejor de los casos,
los países de América Latina y el Caribe podrían llegar a la misma cifra que
Brasil en 5 a 7 años.
Concluyen los críticos, entonces, que el nuevo "ecologismo" de Bush es
disfraz y maquillaje para ganar tiempo mientras trata de "abrir" a la
inversión de EEUU el petróleo del Medio Oriente. Otros afirman que en Brasil
"Lula favorece a las 18 familias productoras de caña, así como a grandes
corporaciones que controlan el 70% de la producción de etanol en el país"
("Encendiendo el debate sobre biocombustibles", Elizabeth Bravo, 2006,
Quito, Ecuador).
Aquí, si bien el debate sobre el uso de la tierra, el agua y el ordenamiento
territorial todavía no empieza, ya comenzó la carrera por exportar etanol a
EEUU y, también, por exoneraciones tributarias. Veremos qué pasa.
H. Campodónico es un reconocido economista
peruano. Publicado en La República (Lima), el 7 de marzo
de 2007.
Reproducido en el semanario Peripecias Nº 39 el 14 de marzo 2007. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos.
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